jueves 30 de noviembre de 2006
ACABAR CON TODO
Andaba él por las cayes de una ciudad, sucias y violentas, con el fin de beber y comer algo. Se disponia a entrar en una de esas tiendas tan típicas de gasolinera quando recordo a su padre, de él solo quedaba polvo, lo havía quemado en un descampado cercano al edificio donde lo havia retenido y matado. La tienda era eso una simple tienda, una de esas tiendas en las que podrias matar al dependiente y ni al cabo de un dia nadie se habria enterado. Y con esa idea tan bulgar en la cabeza, el muchacho que no hace mucho havia matado a su padre entro. De frente al dependiente el muchacho saco un chuchillo y amenazo a este de matarlo si no le entregaba algo de comida, no dinero sino comida y agua. El dependiente hizo sonar la alarma silenciosa, mala suerte para él porqué el muchacho lo vio y lo mató. El muchacho salió de la tienda, de lejos se empazaban a oír las sirenas de policia.
-Operadora-dijo- Póngame con el 7344521093.
-Espere un momento- le contestó esta. Piiiiii, sonó el primer tono; piiiiii, sonó el segundo tono. Alguien descolgó el teléfono.
-Si ¿dígame?- preguntó una voz.
-Hola Scroop- dijo el remitente de la llamada.
-Hola Rodolf- saludó Scroop- ¿Que tal te va viejo diablo?
- Muy bien, muy bien. Oye me gustaría hablar una cosa contigo. Quedamos en el bareto de la esquina entre Columbia y Brigthon town.
-De acuerdo… pero…-Rodolf ya había colgado.
-¿Quién era?- preguntó una voz anciana.
-Rodolf-contestó Scroop.
-De acuerdo. Hijo ven aquí y pruébame este estofado.-Scroop se levantó. Entró en la cocina y vio a su madre, una anciana tan arrugada como una pasa, con una bata sin nada debajo, con el gato en la mano, el cuchillo en la otra y la olla presión y su contenido desparramados por el suelo porqué no había sido tapada. Eso sin omitir el detalle que junto a la olla había el cadáver de un loro.
-¡Mamá!-gritó Scroop al ver el panorama- ¿Pero que has hecho?
-¿A que tu madre aún hace bien el estofado, eh?- dijo la anciana- Por cierto ¿donde has comprado esta gallina? tiene muy poca chicha, igual que este conejo, hay en mis tiempos las vacas podían alimentar a una familia entera. Espera eso lo decía mi abuela. No sé el caso es que el carnicero te ha timado.
miércoles 29 de noviembre de 2006
Relatos de una guerra perdida
Capítulo 1
Todo empezó ese fatídico día hace unos 1000 años. El día en que por una cuestión de desigualdad económica, empezó la guerra.
Antes, la gente era libre. No había países, ni Imperio. Sólo había diez ciudades y cientos de pueblecitos de campesinos. Todos eran libres y sólo había un rey, no de mucha autoridad ni utilidad. La paz reinó hasta que un noble se autoproclamó monarca y, cegado por el poder, tomó todos los campesinos del territorio y los obligó a trabajar por él, a cambio de protección. Muchos se opusieron a su nuevo sistema y se marcharon. Otros, se quedaron con el rey y fundaron el Imperio.
El Imperio se fue enriqueciendo poco a poco, se formó un ejército y se tomaron nuevos territorios. Los campesinos que huyeron del rey se instalaron al este y formaron la Unión. Desde entonces el Imperio y la Unión están enfrontados en guerra. La Unión para unificar los dos territorios y el Imperio para respetar sus ideales y fronteras.
Ha habido cruentas batallas, pero ni un ganador. Muchos sabios dicen que se acerca la gran guerra que hará terminar las desigualdades y otros dicen que la guerra destruirá todos los seres humanos. Pero desde que oí las palabras de ese soldado moribundo, creo que el poder del Imperio será demasiado elevado para poder hacerle frente.
La Unión cuenta con Glodor, los sureños y los strohormnianos, pero el Imperio ahora tienen más fuerzas. No podremos combatir con imperiales, soldados del abismo, guerreros del norte, los seehds del desierto y los isleños. Nos destrozarían. Si antes las cosas estaban un poco igualadas ahora será una masacre. Tenemos que hablar con el rey.
-Vamos, rápido. Tenemos que volver a Strohorm. Al rey no le gustará lo que le diremos.
-Si, general. Partiremos en breve, cuando hagamos enterrado a Golld.
-Bien, ese pobre infeliz se merece un buen lugar donde yacer.
Después de darle una sepultura digna a ese gran soldado, mi ejército y yo emprendimos la vuelta. Tenía un mal presentimiento que se confirmó al llegar a lo que quedaba de las casitas de campesinos de las afueras de la gran ciudad. El olor a madera y a carne humana quemada me mareaba así que no nos detuvimos a mirar entre los escombros. Apretamos el paso. Fue un gran alivio ver Strohorm aún en pie. Entramos por la puerta principal sobrecargada de guardias y comenzamos la larga subida hacia el palacio del rey. No había nadie por las calles a parte de un o dos guardias con las caras llenas de terror. El gran palacio del monarca se alzaba majestuoso sobre la ciudad infundiendo superioridad y respeto. El rey me recibió rápidamente. No me gustaba hablar con él. Era muy irritable y le molestaban los jóvenes enérgicos como yo. Me condujo hacia una gran sala me invitó a vino y me habló.
- Clovis. Te estaba esperando. Nos ha atacado un ejército enorme, pero creo que sólo por asustarnos porque no han intentado penetrar en la ciudad ¿Tienes tu idea de lo que ha ocurrido?
- Si. Hemos interrogado a un soldado enemigo. Los seehds del desierto y los guerreros del norte están con ellos.
Para mi sorpresa la cara del rey no varió.
-Me lo temía. Sólo han venido para desmoralizar a nuestros hombres. Bien, lo tenemos todo perdido. No hará falta guerrear, nos rendiremos.
-¡No diga eso, mi señor! Tenemos que luchar aunque sea lo último que hagamos. Si usted no confía en sus soldados, sus soldados no confiarán en usted.
-No seas estúpido. Morirán miles de personas si continúo esta guerra inútil.
-Si, pero morirá gente que hubiese luchado por acabar con la desigualdad ¿No lo entiende, mi señor? Esta gente ansia la guerra, tanto como ansia morir por su patria. Ya que vamos a perder, al menos opongamos resistencia.
-…Hum…-el rey estuvo pensando largo rato.
Lo dejé solo, me resultaba molesto estar tanto tiempo a su lado. Di un paseo por las afueras del palacio hasta que un sirviente del rey me vino a recoger. Me condujo hacia el monarca, que ya tenía un veredicto:
- No se que será peor: morir o vivir en el imperio. Jovencito, me has hecho abrir los ojos. Aunque no esté nada convencido de la victoria, haré lo que pueda. Empezaremos por reorganizar nuestro ejército. Con esperanza o sin ella lucharemosmartes 28 de noviembre de 2006
Sickbrain
Esta es la historia de un hombre. Un hombre que para muchos fue loco y para otros un ser superior a ellos mismos, porque sabía ver el mundo de otra forma.
Era un hombre que tuvo la desdichada suerte de nacer con un cerebro en mal estado y por eso fue objetivo de burlas y puntapiés. No encontró trabajo, ni vivió nunca con nadie. Por eso su mente enferma creó un amigo, lejos de las injusticias de los vecinos. Le llamó Sickbrain en honor a él mismo y lo modeló tal como él quiso.
Desde ese día se veía hablar a ese hombre hablar sólo, tocando temas de actualidad, política y cine; manteniendo una conversación a lo largo del Carrer de Sants. Era conocido por todo el barrio como “el loco de Sants” y la gente lo esquivaba mientras su mente los engañaba, haciéndoles ver que era un psicópata peligroso. Pero a él no le importaba; el ya tenía un amigo y no necesitaba a nadie.
Pero llegó el día en que unos hombres enchaquetados entraron bruscamente en su miserable piso, mientras él comía, con la mesa parada para dos. Lo ataron, lo durmieron y se lo llevaron. Ése pobre hombre fue sometido a duras pruebas, tests y a una dolorosa operación cerebral.
-Admiren, como con la ciencia se ha solucionado el problema de la locura. Este hombre antes no era cuerdo, era tonto y hasta hablaba solo.
Lo que parecía un gran público estalló a carcajadas.
-Pero este hombre fue lo bastante listo como para aceptar una operación cerebral para rectificar su enfermedad ¡Contemplad como con sólo ciencia se ha podido contrarrestar un efecto de la Madre Naturaleza!
Entonces salió un hombre, con la cara demacrada y muy desmejorado que antes de estallar a llantos dijo:
-¿Alguien ha visto a Sickbrain?
La gente del público, al ver el espectáculo, empezó a abandonar la sala, pensando que la operación había dejado aún peor al hombre.
Mientras, esa figura flaca y sola, al medio del escenario, llorosa y furiosa chilló. Cogió un bolígrafo y se lanzó contra el científico.
-¡Dónde está Sickbrain!-dijo al estar a punto de clavar el bolígrafo a ese hombre con bata blanca arrojado al suelo.
La policía intervino rápidamente y acabó el espectáculo.
Encarcelado en la prisión se oía al hombre chillar por Sickbrain y a la sala contigua tres neurólogos hablando.
-No lo entiendo, según los tests y el resultado de la operación, este hombre debería de estar curado.
-Parecía la mar de listo al terminar la operación, hasta hablé con él. Me dijo que hacía rato que no veía a su amigo y a la mañana siguiente empezó a echarlo de menos.
-Pues me parece que lo estamos volviendo más loco de lo que estaba ¿Se podría hacer la operación a la inversa?
-Sí, pero ahora está convaleciente de la otra operación y…
-Hacedlo. Si prefiere estar loco a ser listo tendrá sus razones. Y si muere no habrá testigos de que somos unos secuestradores. Pero primero quiero hablar con él.
Se acercó a la celda donde una figura se golpeaba la cabeza contra la pared.
-Tranquilo, Sickbrain no te ha abandonado. Pero dime ¿no te sientes más feliz ahora?
El hombre pareció relajarse. Se sentó y habló con el médico.
-Me siento extraño. Me siento vacío y estúpido. He perdido lo que me hacía especial y lo que me hacía feliz. Ahora soy como un hombre del montón, sin sentido en mi vida y sin ningún objetivo. Devuélvame a Sickbrain, por favor.
-¿Pero no quieres que la gente no se burle de ti, tener oficio, ser normal?
-Lo bueno de los pájaros es volar, lo necesitan para vivir, pues en eso consiste su vida. A un loco le pasa lo mismo, necesita la locura para no volverse loco. No le quitaría las alas a un pájaro ¿no? Pues a mí no me quite a Sickbrain.
-De acuerdo.
Las últimas palabras que oyó el hombre encarcelado con los oídos de cuerdo fue la voz de un científico que dijo “Sickbrain es su locura, operémoslo”. Y con una sonrisa, cerró los ojos y abandonó ese mundo desconocido para él.
Al cabo de una semana, una figura flaca y feliz subía por el Carrer de Sants, hablando sola de temas que tocaban la actualidad, la política y el cine y sobre unos científicos locos que lo operaron, mientras que la gente, con cara de asco, lo contemplaba y se reía de él.
Capítulo 4: El continente de Absalon esta dividido en tres grandes reinos y ocho de menores, los grandes son: Qualinesti, Tharkas y Nabban. Y los menores: Cruce de reinos, Perdwin, Qualinost, Quer-teth (desierto del oeste), Quer-kiri (desierto del este), Xah Maroth y los de la alianza de Perkil ( Perkil-norte y Perkil-sur). La Gran Guerra explotó por muchas causas, aunque la principal fue el levantamiento de Tharkas para poder alimentar su gente, ya que Tharkas tiene una gran densidad de población y pocos sitios fértiles; eso si, el mejor y más bien equipado ejército del continente. A causa de las divisiones políticas se formaron otros tres grandes bloques: La alianza central norte (compuesta por Nabban y Quer-thet), la alianza oeste (compuesta por cruce de Reinos, Qualinesti, Qualinost, Quer-kiri y Xah Maroth) y los neutrales (la alianza de Perkil y Perdwin). Cada facción esta en guerra con las otras, excepto los neutrales.
jueves 23 de noviembre de 2006
ACABAR CON TODO
Estaba él sentado frente a su hijo, cuando murió.
Relatos de una guerra perdida
Primera parte de mi historia particular. Aunque Guillem me dijo que no la pusiera, quiero compartirla con vosotros.
Prólogo:
Mi historia empezó el día 26 de agosto, en un gran palacio. Me bautizaron con el nombre de Clovis de Samitier y fui bendecido con una gran cicatriz de nacimiento en la espalda. Muchos habrían querido crecer con el ambiente en el que yo lo hice; ropas de seda, juguetes dorados y comida abundante. Pero yo no quería esto y creo que mi familia se dio cuenta porque a los siete años mi padre, el conde de Samitier, me envió como aprendiz con un caballero. Aún recuerdo esos días: el suave cabalgar de ese lujoso semental, la gran proximidad con los que yo creía héroes, las noches al raso y los cansados pero gratificantes estudios con el caballero Behemot, mi maestro. Aprendí a manejar la espada, varios idiomas y conocimientos, a soportar el dolor y el hambre y sobre todo a amar la guerra.
Pero al fin llego ese triste día en que mi maestro Behemot me tuvo que dejar para enfrentarse en una batalla y fui condecorado finalmente como caballero.
Al cabo de un mes ya era el comandante de un ejército de glodorenses, los fuertes y altos habitantes de las tierras de Glodor. Después de días de duro entrenamiento y de familiarización con mis guerreros, nos encargaron un asunto. Teníamos de parar a una patrulla de guerreros del Imperio. Unos nueve o diez hombres bastarían para eliminarlos. Cogí a los más fuertes y partimos al alba, envolatados de oscuridad y silencio. Abandonamos la gran ciudad de Strohorm y fuimos hacia los extensos prados del sur.
-No deben de andar lejos, las huellas son frescas-dijo el capitán Brorj.
-Eso creo, pero no se porque tanta prisa del imperio en eliminarlos- dijo el astuto Spinn.
-Deben de saber algo importante. Planes de guerra, o información fruto de un espionaje-dije desconfiado.
-Erl caso ej ke nhos los tenemos ke cargarl, ¿no?-dijo el apestoso Donish.
Pasaron días pero al fin vimos una humareda al horizonte.
-Son cinco-dijo Wolberg al acercarse un poco -creo que podemos ir de inmediato.
-Bien, preparaos para el asalto, son pocos pero no quiero ni una baja. Cuando el sol amanezca, estos soldaditos serán historia. ¿Entendido?-grité.
Fuimos acercándonos con cautela. Al estar a diez metros de los soldados dormidos, grité:
-Al menos dejad uno con vida.
En ese mismo instante cuatro flechas de entre los arbustos fueron a parar en los pechos de Burr y Golld, que cayeron al suelo.
-Mierda, Wolberg. Dijiste que eran cinco. Separaos. Yo Spinn y Donish a por los arqueros. El resto a por los bellos durmientes. No quiero un herido más.
Los soldados dormidos empezaron a levantarse y a armarse. Otra ráfaga de flechas apareció desde los arbustos, pero mis hombres las esquivaron con facilidad. Al cabo de poco ocho de los nueve yacían muertos al suelo, regando el suelo con su sangre. Golld murió esa noche por la flecha en el pulmón. Burr, fuera de peligro, se curó sus heridas superficiales y se ofreció para interrogar al superviviente. Después de unas crudas torturas logramos arrebatarle estas palabras antes de que expirase:
-Moriréis todos. Habrá una gran matanza. Los guerreros del norte y los seehds del desierto están con nosotros. Ni vosotros, la Unión podréis con el resto del mundo. Y con una cruel risotada, murió.
-¿Entonces cual es nuestra situación actual, general?- preguntó Brorj.
-Lo tenemos crudo.-afirmé.